HOMERO MANZI: LETRAS PARA LOS HOMBRES
Cuando hacia 1927 Homero Manzi deja el servicio militar y le comenta a su amigo Arturo Jauretche: "estoy frente a dos caminos, ser un hombre de letras o hacer letras para los hombres", el futuro poeta de "Sur" ya tenía largamente decidida la opción. Que en realidad es una disyuntiva a la que se enfrentan todos los intelectuales de un país dependiente; ser hombre de letras no significaba, como aún piensan muchos, desechar un destino de literato grande, de poeta culto en aras de abandonarse generosamente en brazos del pueblo. El verdadero hombre de letras es el que hace letras para los hombres. En nuestros países, en cambio, ser hombre de letras significa repetir, con mayor o menor talento, las viejas mentiras del aparato ideológico, colaborando en la colonización pedagógica de las masas. Ser hombre de letras entre nosotros es avenirse a las ideas de la clase dominante -en el caso de Manzi, la vieja oligarquía agraria aliada al imperialismo inglés-, asentadas sobre estos dos fundamentos:
1) sobrevaloración de lo metropolitano,
2) menosprecio de lo propio, especialmente de lo popular.
Manzi reaccionó contra eso, por convicción política y humana, y optó por la única opción válida de aquella disyuntiva, optó por la barbarie contra la civilización, como antes había optado por el yrigoyenismo contra el cosmopolitismo conservador. Y de esa convicción van a surgir sus poemas, sus películas, sus glosas radiales, sus crónicas periodísticas. A diferencia de los hombres de letras -como Borges, como Mallea, como tantos otros- Manzi no se asustó de los medios de comunicación masiva, no creyó que fuera menos poeta porque escribiera letras de tangos, ni porque sus obras completas jamás fueran contenidas en libro.
JUAN CARLOS JARA
(Fragmento de un libro en preparación).
